Seguridad para alimentos
Avuelta del verano muchas personas, algo más cargadas de peso, se replantean su dieta alimentaria. Hay que distinguir entre lo que supone el equilibrio nutricional, el modelo productivo y, por supuesto, la seguridad alimentaria de los productos consumidos.
El equilibrio nutricional es competencia de los especialistas en nutrición y a ellos se debe acudir. Dentro del modelo productivo es muy personal la decisión entre optar por alimentos que provienen de una agricultura y ganadería convencional o de otra ecológica. Una decisión que en muchos casos se fundamenta en una percepción intuitiva de lo que cada una representa, más que en un conocimiento real de lo que implican para la salud y para el medioambiente. Por ejemplo, en el último número de agosto del 2009, la revista ‘American Journal of Clinical Nutrition’ publicó un estudio financiado por la Agencia de Normas Alimenticias del gobierno británico, a partir de 162 trabajos científicos. Las controvertidas conclusiones afirman que solo existen pequeñas diferencias nutricionales en los alimentos ecológicos, pero no hay pruebas de una diferencia cualitativa de nutrientes entre estos productos y los obtenidos de forma convencional. Unos datos que, a pesar de las reacciones airadas de algunos colectivos, no perjudican a una agricultura que ya tiene un mercado en expansión, y no por este factor, sino por el ambiental.
La tercera cuestión, la seguridad alimentaria, debería ser la más relevante, aunque al darse por supuesta, influye poco en la toma de decisiones del consumidor. Las conclusiones obtenidas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) en su último informe de más de cien páginas sobre residuos fitosanitarios, también llamados medicinas para las plantas, afirman que los alimentos que consumimos son seguros desde el punto de vista de los residuos químicos. Con un análisis de 74.305 muestras en 350 alimentos diferentes, se testaron 870 productos fitosanitarios.
El resultado fue que el 96% de los alimentos cumplen de forma escrupulosa los límites máximos de residuos (LMRs) autorizados, lo que garantiza su total inocuidad para el consumo. Para más garantías, estos LMRs están establecidos con unos márgenes de seguridad, de tal manera que su superación tampoco implica un problema real para la salud, por lo que cada caso debe ser analizado de forma individualizada. Por otro lado, el nivel detectado difiere mucho entre los alimentos producidos en la Unión Europea y los importados de estados terceros. Los casos de incumplimiento son más del triple cuando el origen es extracomunitario que en los de mercado interior. Un dato más que refuerza la necesidad de una Política Agraria Comunitaria estable y autosuficiente.
Fuente/nortecastilla.es