Si quieres adelgazar, desayuna
Estamos hartos de escucharlo y leerlo en todas partes: el desayuno es fundamental para una dieta sana y equilibrada. Y sin embargo, no hacemos caso. Supongo que nuestra forma de vida, la española, influye, y mucho, a la hora de malograr la comida más importante del día
No sólo por lo mucho que nos gusta desayunar en el bar, donde hay cosas muy ricas, pero no siempre sanas, sino porque nos acostamos, por lo general, muy tarde, y preferimos arañar minutos de sueño, a levantarnos antes para desayunar en condiciones.
Recientemente el Ministerio de Agricultura (que ahora se llama del Medio Rural), ha lanzado una campaña en la que se daban a conocer los hábitos de los españoles con el fin de demostrar lo mal que desayunamos. Los resultados son muy reveladores: muchos ni siquiera se molestan en ingerir el 25% de calorías que requiere el desayuno y salen con un café con leche de casa en el cuerpo.
Vamos a ponernos serios: desayunar bien es vital. Es necesario para la salud, para rendir bien en el trabajo y en los estudios, para estar de buen humor y disfrutar del día que tenemos por delante. Y, además, desayunar mal o saltarse esta comida es sinónimo de kilos de más.
Diversos estudios revelan que dejar al organismo sin alimento durante muchas horas, ralentiza el metabolismo para ahorrar calorías. O dicho de otro modo: el cuerpo se cree que no va a comer y guarda reservas por si acaso. No desayunar, engorda.
La base de un buen desayuno descansa sobre tres pilares fundamentales: lácteos, cereales y fruta. Es en este último caso donde la mayoría falla y es un error de bulto: no puede faltar el chute vitamínico que ofrece la fruta en estos primeros minutos del día. Y un zumo de naranja no basta. Lo ideal sería combinar una pieza entera de fruta –rica en fibra- con un zumo, siempre natural, que nos garantiza que no se obtiene de concentrados y que mantiene todas las vitaminas y minerales intactos.
También esenciales son los lácteos, y mejor si son desnatados. Leche, yogures, queso fresco, cuajada, batidos… Las opciones son muchas y todas muy saludables, ya que nos proporcionan proteínas de elevado valor nutricional.
Los hidratos de carbono –la energía, la gasolina del organismo-, así como los minerales, vienen de la mano de los cereales. Los de caja están bien, siempre y cuando no tengan azúcares añadidos y sean integrales. Otra buena opción es optar por el pan, mejor si es de barra, o incluso las galletas, aunque pocas –suelen ser bombas calóricas- e integrales. Recuerda: cuantos menos productos manufacturados en tu dieta y más frescos, más sano estarás. Por supuesto, la bollería industrial ha de ser desterrada de nuestros desayunos, ya que apenas aporta nutrientes y posee elevadas cantidades de grasas saturadas y azúcares.
A la hora de añadir algo de grasa al desayuno, evita el consumo de margarinas y mantequillas, y opta por el aceite de oliva virgen, rico en ácidos grasos cardiosaludables. Un buen jamón serrano es otra manera sana de hacer un desayuno algo más contundente. Ten en cuenta que una cuarta parte de las calorías diarias se tienen que ingerir en la primera comida del día, así que no escatimes en cantidad.
Dolores de cabeza, cansancio, estreñimiento, mal humor… Son problemas y molestias del día a día que pueden encontrar solución en un desayuno completo: dedícale 20 minutos a este placer mañanero y no te arrepentirás.
fuente/noticiasjovenes.com/